India está dando un giro estratégico hacia cultivos de alto valor tras anunciar una inversión de ₹350 crore (aprox. US $40 millones) en frutos secos en su Presupuesto 2026. La medida posiciona a productos como almendras, nueces y castañas de cajú en el centro de la política agrícola, con un doble objetivo: reducir la dependencia de importaciones y generar mayores ingresos para los agricultores.
El país, uno de los mayores consumidores mundiales, ha dependido históricamente de las importaciones. Ahora busca fortalecer la producción local mediante incentivos, desarrollo de clusters productivos y mejora de la cadena de valor.
Los frutos secos destacan por ofrecer retornos por hectárea significativamente superiores a cultivos tradicionales, aunque requieren mayor inversión inicial y tiempo de maduración. Para viabilizar esta transición, el foco está en investigación y desarrollo, adaptación a condiciones agroclimáticas y acceso a material vegetal de calidad.
El plan también contempla fortalecer organizaciones de productores, infraestructura de almacenamiento y procesamiento, y fomentar la adopción a nivel regional, aprovechando zonas naturalmente aptas del país.
Más allá del componente económico, la estrategia se alinea con objetivos nutricionales, posicionando a los frutos secos como clave en la seguridad alimentaria. Desde la industria, se considera este movimiento como un cambio estructural que podría transformar a India de gran consumidor a productor relevante en el mercado global.






